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23/10/2009
4ª SESIÓN
Nos las arreglamos para acabar con ellos pero cuando pensábamos que allí no había nada más que hacer, escuchamos las atronadoras pisadas de algo nada, nada bueno. Nos giramos para descubrir que acababa de aparecer un troll de dos cabezas. Llevaba un aro en la ceja. Era gigantesco y muy feo. Golpeó a Eledone bestialmente y quedó apartada, en el suelo. Entonces Akros intentó aprovechar aquel instante para subirse por unas escaleras altas al fondo. Traté de seguirle pero sorprendentemente se me cayó el carcaj y mis flechas quedaron esparcidas junto al troll. Volví sobre mis pasos, y con gran agilidad salté a la carrera para recuperarlas.
Mientras las volvía a guardar pude ver cómo Akros se ocupaba de unos trolls que, alertados, habían acudido para eliminarnos. El troll, que ahora portaba un árbol como si de una maza se tratase, me golpeó fuertemente y salí despedido. Traté de darle desde las alturas, aunque éste empezó a destrozar la pasarela donde estaba yo subido. Mientras tanto mi compañero había intentado lanzarse hacia la torre más alta, pero no lo pudo conseguir. Cuando yo intenté saltar a la otra torre fui golpeado aunque pude caer en pie, a tiempo para que Akros me cure al tocarme mientras me arrastra para ocultarme. Me pregunta si me encuentro bien. Le digo que no se preocupe y vemos cómo el troll arranca un trozo de la máquina destinada a desplazar los minerales preciosos a través de la pasarela y se acerca hacia nosotros. Vuelve a golpearme, pero esta vez me arrastro hacia atrás y salgo corriendo. De un salto vuelvo a la pasarela para poder acertarle desde las alturas.
De pronto veo algo volando hacia el troll. Resulta que es Akros, saltando hacia su cintura; al parecer consigue agarrarse, pero de poco le sirve pues éste lo coge lentamente, lo baja al suelo, y se le queda mirando. Intento darle desde allí pero resbalo y caigo dentro del tubo de una máquina, rota por uno de los golpes del troll pero bajo mi hay un agujero y no quiero caer por ahí. Golpeo las paredes intentando llamar la atención. Me fijo en que hay una abolladura en la estructura e intento apoyarme para saltar hacia fuera. Al salir veo a Akros sobre la cabeza de aquel monstruo bicéfalo. Con una piedra de luz está cegando uno de sus ojos, mientras que la cabeza vecina intenta deshacerse de él. Bajo de un salto y a sus espaldas empiezo a lanzarle flechas. Cuando Akros baja incrusta con furia su lanza en el talón izquierdo, momento que aproveché para lanzar un certero disparo al mismo lugar, de forma que cayó y corrimos a socorrer a Eledone. Cuando despertó continuamos subiendo por una escalera de caracol. Había varios cadáveres, y un jade que cogí de entre los restos. En el centro de la sala a donde llegamos había dos pilares en el centro. En uno de ellos localizamos una palanca que hizo desplazarse el otro pilar. En el hueco que dejaba encontramos una pequeña caja, que nos fue imposible de abrir. Ni forzando la cerradura ni lanzándola contra el suelo. Parecía irrompible así que la guardamos para seguir intentándolo más tarde. Escuché un ligero ruido, proveniente del movimiento de algo o alguien. No tardé en ocultarme y presencié 3 siluetas atacando a Akros. No sabía realmente lo que eran pero me moví entre las sombras hacia sus espaldas y en el momento preciso me descubrí para acabar con uno de ellos. Tras un suspiro de tranquilidad observamos que el suelo estaba marcado con tres cruces de color rojo. No se trataba de sangre, por el olor y la textura. Al estar agachados examinando aquello, notamos variaciones en el suelo. Akros sacó un ladrillo que se encontraba suelto y bajo había un tubo. En su interior, otra caja; esta vez con una nota:
“Vamos a necesitarlos. Coged todas las piedras que podáis; Esta magia es necesaria para nuestros planes.”
Continuamos buscando y dimos con otra nota:
“En el almacén hay comida suficiente.”
Extraño… alguien tramaba algo y estaba relacionado con alguna magia oscura
-Bluuurrp!! – Un asombroso eructo recorrió todos y cada uno de los pasajes, salas, esquinas, rincones o rendijas que pudiesen existir. Seguí el rastro del sonido y llegué a lo que, todo parecía indicarlo, debía ser el almacén. Lo más curioso de todo fue ver al feo y desagradable bárbaro Stak. Se había comido todas las sobras, porque estaba todo destartalado: latas de conservas por todo el suelo, sobre su cuerpo incluído. Y yacía tumbado con restos sobre su barriga, cosa más desagradable aún. A la izquierda bajan unas escaleras, puedo ver una rata yendo en aquella dirección. En una de las paredes, un agujero deja entrever algo de luz proveniente de la sala contigua, y un muerto en el suelo. No lo reconozco. Pasé de dirigirle la palabra a Stak, y bajé por las escaleras. Al ver las trampas empezó a resultarme familiar aquella zona… pinchos, agujeros, alguna roca, flechas, cuerdas rotas… aquello ya había sido activado previamente. Volví para contárselo a Akros y compartió mi idea de que aquel sitio era uno de los caminos por donde habíamos pasado, y Eledone había sido herida por flecha. Convenimos en buscar la salida inmediatamente, así que seguimos buscando en la sala de las marcas. Como era de esperar, otro hueco en el suelo nos ofrecía una nueva sorpresa: una cerradura en el suelo. Inmediatamente pensamos en el pequeño cofre. Debía estar la llave allí. Akros la golpeó incesantemente, pero solo consiguió abollarla. Tuvo entonces una genial idea. No se me habría ocurrido un mejor uso del inútil del semiorco, el cual utilizó para destrozar las visagras gracias a su enorme peso. Colocó la cajita bajo él y un instante después un sonido parecido a Clack! nos permitió albergar esperanzas de salir. Al recoger el cofre y ponerlo boca abajo escuchamos caer algo metálico. La recojo, de color dorado, pequeña… Entra en el hueco, pero no sabemos qué efecto tiene, así que volvemos por el camino de trampas hasta llegar a una sala con agua y paredes de pinchos. Comprobamos de nuevo las marcas y pilares, pero todo estaba intacto. Decidí despertar al semiorco por si pudiera ser de ayuda, pero se puso a intentar salir por el agujero diminuto dando golpes inútiles. Cuando descubrió su estupidez se dedicó a hacer el agujero más grande. Al final se da por vencido.
Mientras tanto, Akros buscaba en el lago. Había encontrado algo metálico y empezó a tirar. Era una cadena gigante, atada a un cubo. Stak le quita la cadena de las manos y se la guarda. Para su tamaño podría ser un buen arma. Sin embargo lo que nos sorprendió fue que la utilizó para derribar la pared del agujero, con lo que pudimos salir por allí. Más tarde vuelve Akros con un cofre, lleno de monedas de oro que repartimos. Volvimos a la sala de maquinaria minera para echar un último vistazo, y aproveché para extraer el piercing metálico de la enorme ceja del troll.
Ya de vuelta en la entrada de la caverna, en los caminos que estaban habitados por ratas, revisamos los diferentes caminos antes de salir definitivamente. No habíamos logrado descubrir qué causaba la plaga que invadía las granjas, así que nos metimos por allí. En el primer camino encontramos que una gran roca impedía el paso. No recordaba haber visto aquello al principio, así que me asomé. Se vislumbraba una especie de tumba de piedra. Movimos la roca entre varios y vimos que la pared estaba llena de nichos. La tumba principal decía “Aquí yace:” y un nombre escrito en idioma orco. No era capaz de levantarla así que Akros, que se había desprovisto de su armadura para acceder a aquel pequeño espacio, y presionando una ranura bajo las tapas consiguió levantarla. Se movió automáticamente dejando paso a unas escaleras. Bajamos a una sala vacía, con una marca en el suelo con pintura. Descubrimos un botón que de nuevo abría una apertura en una de las paredes hacia una sala con un escritorio. Un esqueleto estaba allí sentado, y cuando nos plantamos delante giró la cabeza para, a continuación, caérsele la cabeza. Era todo un truco para asustar posibles ladrones o saqueadores de tumbas. Una bola de aspecto similar a la que encontré en el faro destacaba entre libros viejos y papeles del escritorio. Akros se acercó y al tocarla sus ojos se quedaron en blanco. Entró en una especie de trance y tuvo una visión antes de desmayarse. Me contó que vio escrito algo como “Proyecto Nark”. No entendíamos nada. Nos fuimos de allí cuando estaba amaneciendo.