<< Volver
08/10/2009
3ª SESIÓN
7 – Coincidencias.
Salí temprano con la intención de comprar nuevas flechas, echar una última ojeada en la ciudad antes de hacer la visita al elfo, y de paso, vender el botín que habíamos conseguido en las catacumbas de la isla.
Sin hacer ruido, rebusqué entre las bolsas de mis compañeros y me llevé las piedras preciosas y los objetos de valor. Al salir se oía el barullo de las gentes montando tiendas y puestos donde ofrecerían todo tipo de cosas unas horas después. Busqué una tienda de magia, y allí pregunté cuánto me ofrecían por las piedras que yo llevaba encima (un jade, un granate, y un amatista, los cuales nos correspondían a Akros, Tor y a mi). Además yo llevaba otro amatista, pero quise comparar precios antes de nada. Me ofrecían 500 piezas de oro. También querían venderme anillos pero no me interesaba en ese momento.
Volví a la plaza y encontré otra tienda. Conocí a un hombre bastante simpático, parecía interesante por los objetos mágicos que tenía en su puesto y por su modo de hablar. Parecía tímido pero, al mismo tiempo, muy interesado en sus clientes y en todo el mundo mágico por supuesto. Él me ofrecía 800 piezas de oro por las tres piedras, así que las vendí. En aquel momento vi acercarse a Tor, con el cual no simpatizo demasiado. Desde que habíamos ido juntos no hacía mas que buscar problemas, y por tanto, involucrarnos al resto.
- “¡Hey, ¿qué haces por aquí!?” – se me acercó.
- “Pues estoy charlando con este hombre, su tienda es bastante buena.” – quería desviar su atención del tema de las piedras.
- “Ah, bien. ¿Qué hacías vendiendo nuestras cosas? – al parecer me había llegado a ver.
- “Eh..bueno, ya sabes que es de los tres. Como no quería despertaros tan temprano cogí las cosas y estaba buscando buenos precios. Ahora repartiremos todo. Toma, ésta es tu parte. – Le di 100 piezas de oro, y guardé otras 100 para Akros, haciéndoles creer que en total nos habían dado 100 por cada piedra.
Tor pareció satisfecho (imagino que aquella cantidad de monedas era más de lo que él jamás había llevado encima); se dio media vuelta y siguió su paseo. Continué hablando con aquel tipo de la tienda.
- “¿Cual es tu nombre?” – ahora quería intentar entablar amistad con él, para más tarde sacar más provecho de la venta del resto de cosas.
- “Soy Juan, es un placer conocerte.”
- “Lo mismo digo, yo soy Lithôn. Quería mostrate unos tesoros que conseguí ayer mismo.” – saqué de mi bolsa el peine de acero con forma dce dragón, el peine de plata y la espada larga. No pensé que le pudiera interesar el cuadro así que eso lo guardé.
Le dije dónde había conseguido aquello con el propósito de que lo valorase en mayor cuantía, aunque no parecía muy sorprendido por los objetos en sí. Me preguntó cómo conseguía tantas piedras preciosas y le dije que podría contarle el secreto. Entonces se fijó en una de mis manos.
- “¡Vaya!, ese peine tiene buena pinta.” – señalaba el de forma draconiana. – “A mi mujer le gustan mucho, ¿qué quieres a cambio de él?”
Le dije que lo tomase como un regalo, que me había parecido muy amable y esperaba encontrarme de nuevo con él. A cambio, como muestra de gratitud, me dio un anillo mágico. Desconocía sus propiedades pero lo guardé en buen lugar.
- “Bueno, volviendo al tema de antes… podría contarte dónde y cómo obtuve las piedras… pero a cambio de algo, claro” – guiñaba un ojo mientras acababa esa frase. – “¿Qué te parecen 200 piezas de oro por la información y mi amatista?
Hicimos el trato y le conté de qué modo conseguimos llegar. Le conté que en realidad existe una cueva subterránea bajo el faro, aunque no le dije nada sobre aquellos monjes y lo más extraño de aquella aventura. Ahora quería que fuese con él a recoger minerales, pero tuve que improvisar una excusa para irme ya que realmente desconocía si habría más como aquellas.
Nos despedimos y volví a la tienda de magia. 50 piezas de oro y mi anillo sería tasado. Conseguí un cambio entre el peine de plata y el proceso de tasación.
“Ese anillo te ayudará a saltar mejor.”
Al ponérmelo la verdad es que noté una mayor ligereza. Me dijo el hombre de la tienda que estaba valorado en unas 2000 p.o. Pregunté por otros anillos, me mostraron uno que evitaba el sentir hambre, aunque su precio era de 3000. Lo estuve pensando. Dije que volvería.
Fuera se escuchaba un gran alboroto. Al parecer alguien había robado un hacha en un puesto de armas situado enfrente. Cuando miré hacia allí descubrí que se trataba de Tor (…)
Se lo llevaban al castillo. Un par de guardias le arrastraban, encadenado, y en un descuido éste intentó huir corriendo. Salieron más guardias y consiguieron llevarle.
Akros, que había entrado a la tienda de magia en aquel momento, me vio y nos paramos a ver aquella escena. No estaba por la labor de ayudarle, pero al final decidí acercarme a la zona de palacio para preguntar qué planes había para él. Me dijeron que sería liberado en unos días, si se comportaba debidamente. Temí por su vida, porque nunca ha actuado de forma responsable, aunque en el fondo no me preocupaba. Tan solo era uno de tantos compañeros de viaje he tenido. Por si acaso, soborné a uno de los guardias con 4 monedas de oro. A cambio me permitió sacar la mochila de Tor, pues creía recordar que llevaba alguna de nuestras cosas (como puede cargar con más peso, a veces lo usábamos como carro de carga… hahahhaha!)
Fui ahora en busca de algún lugar donde poder vender o interpretar el cuadro que tenía. Encontré aun elfo pintor, rodeado de lienzos y obras realente cuidadas y detalladas.
- “¿Vives aquí?” – le pregunté cuando ya me había acercado, tras observar cómo pintaba.
- “No, vengo de Ironius. ¿Y tú?”
Entablamos una entretenida conversación. Al parecer le interesó mi historia. Él viajaba retratando los paisajes y ciudades por donde pasaba; casualmente había estado en Ehlier Eyryn’n, mi ciudad… uno de sus cuadros retrataba la ciudad debastada. Me comentó que estaba tal y como yo la recordaba, y que incluso los bosques habían sido quemados. Allí no quedaba nadie salvo un pequeño elfo. Me pareció muy extraño. Más tarde se presentó, su nombre era Ibelius. Me dio aquel cuadro: era un lienzo enrollado y guardado en una funda flexible.
Se me ocurrió preguntarle por Aust. Aquel elfo noble que me habían recomendado visitar. Me dijo que el último que salió de su casa fue echado a patadas.
De alguna forma, antes de despedirme, quise compartir con él lo poco que sabía de mi pasado. Le mostré el colgante que llevo al cuello y me miró con incredulidad. Sacó un colgante exactamente igual, me lo entregó y me contó lo que podría ser una parte de mi historia:
Al parecer hubo problemas entre unas familias primigenias, y al haber disputas acabaron separándose. Mis antepasados se asentaron en otro lugar y expulsaron a los entonces enemigos, que fueron derrotados. Sin embargo, la familia vencida mantuvo su sed de venganza y posiblemente, unidos con unos drows, devastaron la gran ciudad. Empezaba a comprender algunas cosas. Fueron muchas casualidades, porque me fijé en una de las bolsas del pintor, y aquella pluma… guardaba muchas similitudes con la mía. Me la enseñó y efectivamente, era un tipo de pluma como la que conservaba de mi padre. Pensé que Ibelius podría ser de mi familia, ¿por qué no?
Un rato después paseando por la zona comercial vi a Akros. Nos saludamos y repentinamente un estruendo acompañaba a un gran temblor de tierra. Se derrumbaron varios edificios ante nosotros. La gente corría y gritaba asustada.
SESIÓN EXTRA 1
16/10/2009
8 – Vagabundo
Akros corrió a ayudar a una mujer que permanecía plantada, inmovil, y con expresión de desesperación. Gritaba porque su marido había quedado sepultado bajo los escombros y no podía encontrarle. Con su gran fuerza le rescató e hizo feliz a aquella pareja. Unos guardias se acercaron y le dijeron a Akros que todo estaba controlado, como pidiendo que nos apartáramos de la zona y les dejásemos el trabajo a ellos.
Mientras nos alejábamos vimos a un vagabundo hablando sólo en voz alta. Decía algo de “nuestro tesoro”, iba con un perro. Estaba en cuclillas tratando de excavar un hoyo en la tierra. Cuando vio que nos acercábamos se guardó una nota de papel en el bolsillo. Intentamos preguntarle qué hacía pero salió corriendo. Nos acercamos al suelo y pudimos ver una manivela. Al agacharme para cogerla resultó que estaba atada a una cadena. Seguimos la cadena, que nos llevaba hacia los escombros. Estaba atada allí, pero bajaba por debajo de la tierra.
Un guardia nos vio actuar de aquella forma y sospechó. Se acercó a preguntarnos qué hacíamos pero le distraje mientras akros apartaba la cadena y nos hicimos los despistados. Volvimos al lugar donde terminaba la cadena y vimos al lado una entrada al sótano de una casa. Estaba bloqueada por una puerta de hierro, pero conseguí abrir el candado y nos adentramos por las escaleras. Llegamos a una sala oscura, parecía algún tipo de laboratorio. Debido al olor, en parte, y a las grandes mesas blancas, utensilios…había una pared oscurecida, y una zona con cosas rotas. Podría haberse debido a una explosión. Mientras examinábamos con cuidado notamos otro temblor proveniente de arriba. Al asomarnos vimos que volvió a haber un derrumbamiento y estábamos atrapados.
Inspeccioné en unos pequeños armarios y encontré dos pociones. Verde y azul, no tenía la más remota idea sobre qué podrían contener, pero me las eché al cinturón por si las hubiera de necesitar. Nos dirigimos a la única puerta que había. No se podía abrir. Akros intentó tirarla abajo sin lograrlo. Al intentar abrir el cerrojo rompí la cerradura, así que volvimos a intentar tumbarla juntos. Pasamos al otro lado y escuchamos entonces unas risas de lunático, cuyo eco se propagaba por el pequeño pasillo en el que estábamos. Nos escondimos y escuchamos el sonido de unas criaturas y alguien sufriendo. Con sigilio, me desplacé por la habitación entre las sombras para poder ver la escena: un hombre riendo, vestido con túnicas de mago, fustigaba a una persona llena de cicatrices, sangrante, que estaba en el suelo. Vimos pasar dos sombras, las cuales vieron a Akros tratando de moverse escondido.
- “¡Eh, tú!”
El mago se giró y nervioso gritaba: “¡No conseguiréis nada, no frustraréis mis planes!”
Permanecí oculto con la intención de sorprenderles por la espalda, pues en seguida se dirigieron a mi compañero. El mago permanecía donde estaba.
La armadura de Akros absorbió algunas embestidas de esos monstruos sombríos. Eran bastante transparentes.
Tras un golpe brutal con su lanza, aproveché para lanzar contra el mago loco. Se giró sorprendido y ahora era consciente de que se enfrentaba a dos en lugar de a uno. Tras aquello, uno de los monstruos golpeó a Akros y se materializó. Era una especie de dinosaurio, con zarpas en las patas y una gran mandíbula. El otro monstruo hizo lo mismo y comenzaba a brillar. Vimos al mago concentrándose, estaba realizando algún conjuro para ayudar a sus salvajes esbirros. Trato de darle en las manos, pero pese a aquello seguía concentrándose. El monstruo que brillaba estaba ahora volviéndose rojo. Parecía en un estado de furia. Tras varios asaltos en los que el mago proporcionaba fuerza y furia a sus monstruos, matamos a uno de ellos. Akros, sin embargo, iba desgastándose y sus heridas eran cada vez más serias. El mago estaba malherido y subió sobre el otro. Akros consiguió tirarle abajo y aproveché para herirle en una pierna. Estaba sangrando muchísimo, y ahora el monstruo se dedicaba a protegerle. Vuelve a subir con mucho esfuerzo y en lugar de acabar con el monstruo decidimos acabar primero con él, la fuente de energía de aquel dinosaurio fantasma. Con su lanza, Akros terminó derribándole con toda su fuerza, y una vez en el suelo fue rematado por una de mis flechas.
Hubo un momento crítico en que la vida de Akros corría serio peligro. No tengo magias curativas, y estaba a punto de ser golpeado por el feroz dinosaurio. Tuve que correr hacia él y hacerle beber las pociones que encontré. Las dos. Una resultó ser curativa, pero la otra le causó algunos daños. En definitiva, estaba de nuevo medianamente sano para combatir o curarse por sí mismo.
El monstruo estaba ahora con su cabeza de un color rojo fortísimo. De pronto abrió la boca y lanzó una enorme llamarada de fuego que, aunque traté de esquivar, me hirió levemente. Conseguimos derrotarle sin muchos problemas.
Nos dirigimos a la parte trasera de la sala, donde el mago torturaba a aquel tipo. Descubrimos una trampilla que nos llevaba de vuelta al nivel superior, y así fue como conseguimos salir de nuevo a la ciudad.
3ª SESIÓN (CONTINUACIÓN)
08/10/2009
9 – De monjas, nobles y ratas.
Cuando salimos la situación estaba más controlada. Comenzaba a reinar la tranquilidad, pues no hubo víctimas mortales. Dimos una vuelta de nuevo por la plaza. Yo iba ya pensando en la parte del trato que correspondía a Akros. Después de lo ocurrido en el faro, ahora él debía ayudarme a acceder a Aust. Quería hablar con él, aunque tuviese que hacerme pasar por alguien noble o ir acompañado de un clérigo como Akros.
Charlábamos cuando de pronto una cara conocida se cruzó por delante.
- “¿¡Eledone!?”
- “Oh, Lithôn. Volvemos a encontrarnos…”
Eledone era una de las monjas del convento en el que descansé antes de llegar a Ragnak. Durante aquella estancia fui muy bien atendido y guardaba un buen recuerdo. Le conté la historia del faro, y ella me explicó que la habían destinado al puerto para ayudar en lo que pudiese, aunque no era época de grandes guerras. Decidió unirse a nosotros hasta que nos fuésemos de la ciudad, así que nos acompañó en busca de ropa. Quería comprar algo elegante por si, como me habían advertido, Aust no tuviese muchas ganas de perder su tiempo con un desconocido. Así, con apariencia de noble y acompañado de Akros, (y ahora también de Eledone) pensé que resultaría más sencillo.
Seguí las instrucciones que me habían indicado. Supe que era allí cuando vi salir a alguien de una patada, tras unos gritos de “¡¡Fuera!!”
Continuamos hacia delante y llegamos a una mina. La zona de trabajo, lejos de estar abandonada, era “presidida” por tres agradables orcos.
(PENDIENTE DE TERMINAR)
4ª Sessión – P.D&D « Local del Pascu Said:
on 15 diciembre 2009 at 18:20
[...] [...]