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07/10/2009
2ª SESIÓN
4 – Resolución.
Veo el símbolo, la cruz que había en las ropas de los monjes. Hay gente con esas mismas túnicas.
Alguien me zarandea. Akros me levanta y me dice que Stak ha desaparecido. Al parecer me había desmayado.
-“¿Llevo mucho tiempo aquí?” – dije.
-“No, tranquilo. Sólo estás desorientado.” – me reconfortaron las palabras de Akros.
Recordé el escritorio, y aquella esfera sobre ella. Ya no estaba allí, no alcancé a verla por ninguna parte. Decido entonces examinar los cajones del despacho en busca de alguna pista o indicio sobre qué ocurre en el faro. He de admitir que no se me da mal abrir cerraduras… es algo que viene de lejos. En el primero de ellos encontré un sobre. Se trataba de una carta sellada con el mismo símbolo. Era algo recurrente. Debía tratarse de una organización secreta o algo parecido, se identificaban por medio de aquella cruz. Guardé la carta para más tarde y me puse manos a la obra con el otro cajón. En él, una llave con mango circular, bastante simple, me sugirió que debía haber más puertas en el faro, o al menos cerraduras que desconocíamos por el momento. Casualmente quedé mirando hacia el fondo del cajón; había distinguido unas marcas allí. Me acerqué más y pude apreciar unas rayaduras artificiales en la superficie: 7/3.
Estuvimos un rato en aquella sala. Akros me pidió que le ayudase a bajar un cuadro situado junto a las escaleras. Es un tipo perspicaz, que no inteligente. Imaginé que sospechaba de cualquier cosa desde los hallazgos y la desaparición de Stak. Me elevó y pude bajar aquella imagen de una isla con un faro, identificable evidentemente. Tras él, unas nuevas marcas: 5/3
Por si no fuera suficiente, se le ocurrió entonces rasgar y abrir el cuadro en sí. Yo no sabía con qué intención, pero la cuestión es que dentro hallamos una llave pegada.
Suficiente, pensé.
-“Voy a abrir la carta. ¿De acuerdo?”
Conforme iba sacándola del sobre miles de posibilidades se me cruzaban por la mente… podría ser una simple invitación, saludos lejanos de alguien, novedades de otros reinos…
“Que no se acerque nadie. Sólo necesitamos averiguar por qué hicieron este faro.”
X“El líder”
Akros había encendido la luz que porta en su lanza para facilitar la lectura. Cuando terminé, por casualidad una de las llaves (la que aún llevaba en la mano) emitía un brillo bastante inquietante, lo que me hizo girarla. Descubrí entonces una marca incrustada en la parte central (I). Saqué la otra para comprobar y mostraba otro símbolo (λ).
Entonces salimos por la puerta, a las escaleras, y vi cómo Akros se acercaba a la sala de las luces. Se deslumbró al mirar fijamente, entra aquellas grandes piedras que sirven de guía a los marineros. De pronto escucho:
-“¡¡¡Ayuda!!!
Me doy cuenta de que Akros no se ha enterado desde allí arriba, por lo que llamo su atención con el brazo y le repito lo que había escuchado.
-“¿¡Quién anda ahí!? ¡¡¡Ayudadme, cabrones!!!
Sorprendentemente nos había escuchado, pero no veíamos de donde procedían los gritos de auxilio. Quizás debajo del suelo…
Nos ponemos a investigar por la superficie del suelo, y descubro lo que parece indicar, sin duda, una continuidad de las paredes laterales hacía zonas inferiores. Akros mientras tanto, fijándose en los bloques de piedra de la pared, encuentra uno vacío. Al meter la mano nota una bola encajada, por lo que con su lanza empuja y oimos un gran mecanismo funcionar.
De pronto, al girarnos, descubrimos las escaleras superiores recogiéndose, y un trozo del suelo abrirse a nuestros pies. Corro hacia la puerta que da a la capilla lo más veloz que puedo, y al mirar al fondo… veo el mar. Me acerco y no están las escaleras, todo lo que hay a unos pies de mi posición se había convertido en barranco. Para mi sorpresa, un poco hacia la derecha estaban los escalones, y el camino… todo parecía indicar que habíamos rotado: la isla, el faro, nosotros, TODO. Al volver encuentro con que el suelo desaparecido lleva a unas escalinatas y abajo un camino sellado por un gran muro. Era una especie de puerta de piedra, en la que 3 huecos indican que se debe abrir utilizando 3 llaves. Dos de los símbolos eran conocidos…encajaban con nuestras llaves, pero el tercero, una especie de círculo con una línea cortando la parte superior (ŏ), debía corresponderse con una llave que aún no teníamos.
Subimos a la capilla, se me ocurrió que buscásemos en los estantes llenos de libros. Akros me había dejado una parte de su piedra de luz, así pudimos repartirnos la tarea. Apilaba los libros de la estantería central, para poder examinar cualquier cosa llamativa. Bajo una de las lejas encontré una línea rayada, así que la extraje haciendo palanca con la punta de una flecha. Descubro entonces un hueco donde apenas podía meter el pulgar. Al final caí en la cuenta: se trataba de extraer una parte de la leja utilizando la rendija. Al sacudirla cayó una llave. ¿Adivináis cual?
Continué examinando algunos libros; me di cuenta de que Akros había roto su estantería y estaba entretenido con 3 libros. No le dije nada de la llave, lo haria más tarde, parecía entretenido…
Continué examinando la capilla y, para nuestra sorpresa, el pilar central mostraba grabados tres signos, como estableciendo una serie de relaciones:
▲ ■ / ▼
I III / II
Por alguna razón, se me ocurrió dibujar los símbolos de las llaves a continuación, en una nueva fila. Lo hice con tinta, con esta misma pluma. En realidad no lo hice pensando que pudiese servir, pero creo que imaginé que esto podría despistar o alertar a quienes entrasen aquí, si es que había alguien más.
Para entonces Akros había roto el candado que sellaba uno de sus libros. Dentro no había más que unas hojas vacías, se debía tratar de un diario sin empezar. Me dio las hojas y bajamos de vuelta a la puerta subterránea. Sacamos las llaves y las colocamos en sus posiciones. Se encendió una luz en las cerraduras y comenzaron a introducirse ellas solas.
5- “El que balbucea”Bárbaro es un exónimo peyorativo que procede del griego y su traducción literal es “el que balbucea”.
La puerta se desplazó lateralmente y dio lugar a una especie de caverna. Al otro lado de la puerta, ahora abierta, una figura grande, musculosa, de piel verdosa y aspecto rudo y salvaje. Teníamos un semiorco frente a nuestras narices.
Al igual que nosotros, parecía sorprendido, y nos mantuvimos inmóviles un par de largos segundos. Akros rápidamente le amenazó colocando su lanza en el cuello, tratando de sorprenderle. El bárbaro la apartó con asombrosa facilidad, hecho que consiguió intimidarle. Entonces le explico, lo más suave y directamente posible, que oímos sus gritos de socorro y habíamos venido a ayudar. Pero primero tendría que decirnos qué hacía allí y qué sitio era ese.
De no ser por mi facilidad para detectarlas, nos las hubiésemos tenido que ver con la trampa que yacía oculta bajo un cofre, a la entrada. Intuía que al apretar se abriría o activaría una entrada en el lado opuesto. Akros se presenta (el semiorco tenía por nombre Tor) y una luz iluminó entonces todo el pasillo, en dirección al fondo. No creo en divinidades, pero fue como si se tratase de algo mágico o místico. Al seguirla encontramos otro botón en la pared, el cual, sin previo aviso, fue accionado por Akros.
La puerta comenzó a cerrarse, desplazándose lateralmente con lentitud. Lo oimos, así que Akros corrió parar mantenerla abierta con el apoyo de una jabalina. Aquella estancia era de paredes rocosas. Según habíamos entrado, a la derecha se situaban 4 celdas, y al final del pasillo el ya mencionado botón. Aún no habíamos inspeccionado el lugar, cuando la trampa que, por cautela, aún no habíamos decidido tocar… fue accionada por… sí, por Akros.
-“¡¿Pero qué haces?! – le grité, evidentemente molesto.
Apenas comenzaba a pronunciar las palabras oíamos como un gran estruendo se acercaba hacia nosotros. No lo veíamos, pero intuíamos su dirección. Instantes después una gran roca cae, y lleva dirección a la puerta atrancada. Tor y yo, que nos habíamos quedado en esa parte de la sala, corrimos hacia la salida con cuidado de no tropezar con la jabalina. Nos quedamos fuera, y no oíamos lo que Akros trataba de decirnos. Con algo de esfuerzo (en realidad el bárbaro tenía fuerza de sobra) movimos de nuevo la roca y nos reunimos con Akros. Antes de examinar las celdas decidimos comprobar si las llaves eran recuperables, por lo que salimos, cerramos la puerta y comprobamos que, efectivamente, eran extraídas y se podía volver a entrar.
Esqueletos, descomposición y trapos desgarrados (aparte del evidente mal olor) era lo único que encontramos en las celdas. De una de ellas deducimos que había escapado Tor, pues los grilletes estaban rotos y faltaba un cadáver en su lugar. En otra descubrí un bolsillo del pantalón de uno de esos personajes esqueléticos, y dentro una carta sospechósamente reciente. Y digo reciente pues su localización y aspecto no encajaban claramente con el resto de la escena que he descrito. La abrí y vi que iba dirigida a un tipo de Ragnak; Un noble, supuse, por el trato y el título nobiliario. Decía:
“Parece que están formando una organización en el faro. AYUDA URGENTE.”
E iba firmada y fechada por un hombre, también de posición noble, desde la ciudad de Debre.
A partir de aquí se suceden varios intentos por salir de aquel lugar, o al menos de desentrañar la maraña de ocurrencias que nos había llevado hasta allí. Contaré que, al regresar a la parte superior, tuvimos la curiosidad de presionar de nuevo la bola de la pared, por descubrir si la isla volvería a rotar y pudiésemos salir al mar de nuevo.
Lo que ocurrió fue un nuevo pero diferente desplazamiento. Olvidaba mencionar el increíble artefacto que se nos mostró en una de las paredes subterráneas, retroiluminado y con forma de timón clásico de barco de vela. En él, varias marcas indicaban números, y sus posiciones podían ser cambiadas manualmente. Los números que aparecían eran el 1, el 3, el 5 y el 7.
Rato después recordamos las marcas halladas en el cajón y en el cuadro (7/3 y 5/3). Al realizar esas modificaciones una nueva entrada apareció en el suelo. Bajamos por las escaleras, como ya se estaba convirtiendo en costumbre, y nos topamos con un nuevo enigma.
Ésta vez 3 marcas asociadas a 3 cerraduras exactamente iguales:
λ I
· ·
X
·
Habíamos de insertar una en cada una de las ranuras, pero nos fijamos en que la X marcada no correspondía a ninguna de nuestras llaves. Durante unos minutos tratábamos de interpretar el pilar de la capilla, se trataba de seguir un órden. Al fijarnos en aquella especie de tablero distinguimos inscritas, casualmente, las palabras “sólo seguir el órden”. Más abajo, con más dificultad conseguimos leer también: “no hacer caso de los símbolos”.
Así que insertamos I y los símbolos cambiaron. Ahora mostraban algo como:
II I
· ·
λ
·
Por tanto, ahora la X convertida en λ nos permitía meter la siguiente llave.
Finalmente:
ŏ I
· ·
II
·
VENGA, ATRÉVETE
Al introducir la última, la puerta se abrió, y al final de una sala lúgubremente iluminada una criatura enorme nos estaba esperando.
Al adentrarme una voz me detuvo:
-“¿Acertaste el acertijo?”
-“Por eso mismo estoy aquí.” – contesté tratando de exteriorizar la mayor seguridad que pude.
-“Pues empieza la batalla”. – concluyó, desafiante, justo antes de desplegar sus alas y alzarse en vuelo desde aquel habitáculo donde descansaba desde hace quién sabe cuánto tiempo…
Era una especie de esfingeMás adelante supe que aquello a lo que nos enfrentamos aquel día, no era sino una crioesfinge. Una variedad de las esfinges que se diferencian por la cabeza (de carnero en lugar de humana), por su sexo masculino.
También he leído en libros lo siguiente:
Se dedican a localizar a ginoesfinges para aparearse con ellas. Una vez localizada la cueva de una ginoesfinge lucharán entre ellos, y el ganador el combate entrará en la cueva. , masculina, con el típico cuerpo de león alado, pero cabeza de cordero o similar. Sus enormes garras y los cuernos transmitían una ferocidad que se convirtió en temor infundado. Éste, a su vez, convertido en atrevimiento y ánimo para enfrentarnos a ella una vez que nos sobrevolaba.
Combatir con algo de tal tamaño supone una gran coordinación y sentido de la organización. Nos separamos y, siendo Tor quien más desafiante se mostraba (se situaba frente a frente al enemigo y no dudaba en ninguno de sus movimientos), Akros mantenía las distancias pues su arma era de largo alcance, y yo me coloque cerca de las paredes laterales, desde donde disfrutaba de tiempo extra para reaccionar y al mismo tiempo la tenía a mi alcance.
Tor parecía encabezonado con la idea de subirse encima, quería destrozarla con ayuda de su hacha y la fuerza que le caracterizaba. Con un poco de suerte, y agilidad, podría conseguirlo.
Entre golpes, garrazos, ataques con lanza y unos flechazos, Tor obtuvo lo que quería. El muy cabrón aún guardaba la cadena que le ataba durante su encarcelamiento, y ahora tras montar a la crioesfinge estaba tratando de arrancarle el cuello o, como mínimo, asfixiarla. Durante varios asaltos forcejeaban: el uno por no caer (la altura que a veces alcanzaban era importante) y la otra por deshacerse de él y evitar salir decapitada del intento.
Como era de esperar, una cosa tan grande no podía resultar tan sencilla de vencer, y Tor ya estaba entre nosotros, en suelo firme, mientras seguíamos combatiendo. Akros lo había dejado medio cegado al atacarle directamente a los ojos. Nos sobresaltamos cuando fue derribado brutalmente, y quedó gravemente herido. No podíamos hacer mucho por él pues estábamos flanqueando, así que decidí hostigar lanzando varias flechas lo más fuerte posible. Apunté hacia la cabeza y uno de estos golpes resultó crítico.
Al acabar con su vida pudimos acceder al cofre situado al fondo de la habitación. Repartimos monedas de oro, piedras preciosas y alguna antigüedad. Con Akros ya a salvo y recuperado, proseguimos nuestro camino.
Y es que no podíamos regresar; debía existir una continuidad en la misma dirección que habíamos avanzado, o sino todos esos acertijos sólo tendrían como objetivo llevarnos ante la crioesfinge. No tardamos en dar con la palanca que despejaba la salida al final de la habitación donde acabábamos de combatir.
Dos caminos se separaban, así que tomamos el de la izquierda.
6 – Hermano Pedro.
Un pequeño y detestable trasgo gruñía de espaldas a nosotros. Estaba al final de la pequeña cueva donde nos habíamos adentrado. Parecía estar tratando de escarbar en la pared con sus propias manos. Antes de que nos escuchase, pedí a Tor que lo cogiese como cebo. Estaba seguro de que en el otro camino nos toparíamos con alguna trampa, así que podríamos hacer que corriese y la activase él mismo en lugar de nosotros. Así sucedió, aunque yo desconocía la naturaleza del mecanismo, que resultó ser una gran piedra que lo aplastó. Aunque quedaba unos pequeños huecos por los que podríamos proseguir, nos vimos atrapados y nos acercamos a ver qué mantenía al trasgo tan exaltado. De una patada Akros abrió el hueco de la pared. Conducía hacia unas catacumbas distribuidas a ambos lados de un estrechísimo pasillo. Al fondo, una estatua de aspecto religioso, con una llamativa inscripción:
Aquí yace el hermano Pedro.
Examinamos los otros dos pasillos que se extendían paralelos al principal, pero no había más que lechos de muerte. Tan incauto como siempre, Akros abrió la tumba del tal Pedro e inmediatamente notamos un gran temblor.
- “¿Quién osa profanar mi tumba?” – una voz del inframundo, enfadada, que deducimos pertenecería a Pedro.
- “Yo he sido.” – contestó Akros.
- “Pagarás por ello.”
Uno de los libros de Akros comenzaba a emitir un resplandor. Como nos explicó, se trataba del diario que había hallado anteriormente, y que explicaba de algún modo la vida de los monjes en el faro. Determinadas páginas brillaban especialmente:
”[…] después de varios años, al final las he encontrado. Creo que enterraré allí mi cuerpo para permanecer con ellos. Con los grandes.”
En el hueco de la tumba había ahora un cofre. Contenía muchas piezas de cobre, y un amatista.
Tras la estatua había un botón. Parecíamos malditos por la cantidad de puzzles o acertijos que debíamos resolver, accionar, descifrar… Al pulsarlo se movió todo el ataud. Bajo la estatua una placa unida a una manivela. Al abrirla una cajita quedaba al descubierto. En su interior, una hoja con una anotación aún legible:
“Por si acaso lo necesitáis: su punto débil, los ojos.”
- “¿Nuevos miembros, o enemigos?” – nos sorprendió una extraña voz, como etérea.
- “No somos enemigos.” – respondí.
- “Eso habrá que verlo.” – inmediatamente un espectro se manifestó frente a nosotros, al otro lado del largo pasillo.
Acabamos con él gracias a las indicaciones de la nota. Atacarle en los ojos resultó ser efectivo, pues otro tipo de acciones resultaban imposibles: traspasaban aquel ente transparente.
Otro espectro apareció al matar el primero:
- “Gracias, por fin podremos descansar.”
La estatua volvió a su lugar.
- “¿Encontrásteis el tesoro?” – concluyó.
Akros le dijo que no, y en aquel momento cayó de la nada una carta, a nuestros pies. Decía lo siguiente:
Tesoro -> seguir el camino
Una luz ahora nos indicaba el camino de vuelta. Saltamos por la piedra que obstaculizaba el otro camino. Detecto otra trampa y una vez la esquivamos Akros la comprueba. Otra piedra cae, y esta vez nos deja el camino bloqueado tras nosotros.
Llegamos a una parte cavernosa más amplia. Nos dividimos y descubrimos una serie de antorchas asociadas a puertas ocultas. Al accionarlas en diferente combinación, se abrían o cerraban algunas. Continué hacia delante y descubrí un pequeño lago. Akros me dejó su túnica impermeable y así evité mojar mi mochila. Al llegar al otro lado se escuchaban ruidos. Vi unas jaulas en la penumbra, pero de pronto los niños que allí estaban presos me vieron y se sobresaltaron.
- “¿Quién anda ahí?” – alguien se había percatado. No tardé en esconderme en la oscuridad y pude ver como un monstruo acuático, verde y armado se metía en el agua.
Me sentí aturdido pues mis compañeros estaban al otro lado y posiblemente fuesen pillados desprevenidos. Me coloqué en la entrada al lago, apuntando para lanzar nada más verle de vuelta. Los nervios me jugaron una mala pasada mientras esperaba, sin saber qué estaría ocurriendo al otro lado. Cuando salió lo hizo de un salto y fallé. Comenzó a perseguirme a mis espaldas y tuvimos que enfrentarnos. Acabé con él fácilmente. Inspeccioné la zona y encontré un manojo de llaves en una caja. Abrí a los niños y les dije que esperasen allí. Estaban desnutridos, tenían un frío terrible. Les cubrí con la capa impermeable y les di una lata en conserva que llevaba.
Al volver informé de lo ocurrido y traté de que se apresuraran en sacarles de allí. Tor portaba un cofre enorme. Utilicé una de las llaves que yo había conservado y que, junto a la de Akros y otra más, abrían aquel extraño tesoro.
Nos dedicamos a probar combinaciones de palancas, sabiendo que al igual que Tor acabó en una sala oculta, podría haber más allí. Finalmente veo aparecer una compuerta durante uno de los accionamientos de las antorchas, así que Tor y yo entramos. Un hueco en el techo dejaba entrar rayos de luz. Era por la mañana. De pronto la sala se cierra.
El suelo era liso, salvo por un hueco en el centro.
…
Despierto tosiendo. Levanto a Tor, también en el suelo y desmayado. Cojo la caja, ahora accesible en el centro (tuve cuidado de no volver a pisar aquella trampa, que había expulsado un gas tóxico) y encontré una llave. Probablemente abriría el cofre definitivamente.
A toda prisa lo abrimos y contenía muchas monedas de oro, antigüedades, una gran espada larga y un cuadro de gran calidad. Más tarde nos encargaríamos de ello. Ahora estábamos de vuelta cruzando el lago, cuando otro monstruo atacaba a los niños. Le dimos muerte y condujimos a todos en dirección a la salida. Al final de la cueva se divisaba el mar. Más a lo lejos, nuestra barca a la deriva.
Todo se solucionó cuando Akros nadó hacia allí y la trajo. Hacía un sol abrasador; tras cuatro horas llegamos a Ragnak.
Era por la tarde, devolvimos a los niños a sus casas y por la noche fuimos a la taberna. Manuel nos sirvió una pinta y fuimos a dormir a casa de la madre de una de las niñas desparecidas, ahora rescatada y a salvo.
Tras aquello, no volvimos a preguntarnos nada sobre Stak, pero no había marcha atrás… Él había desaparecido y estando allí dentro no volvimos a verle. Me pregunto dónde estará ahora, o qué fue de él.